lunes, 7 de febrero de 2011

El arte de contar cuentos

Esto lo escribí para una ponencia que hice en la mesa redonda del Extremacuentos de hace dos años, estos días lo he releído para preparar otra exposición oral y he decidido publicarlo, para que me conozcais un poco más, de echo he ampliado algo más lo que tenía, y algunas reflexiones son parte de mi aprendizaje, quizás lo siga retomando y reescribiendo, pues siempre aprendo algo nuevo...
Desde que empecé a hablar no he parado de hacerlo, padezco incontinencia verbal.  De pequeña, hablaba sin parar, en clase siempre me castigaban contra la pared y aún así tenían que llamarme la atención porque me giraba para hablar con la persona castigada que estaba en la otra esquina. Aunque ahora, con el edad, la experiencia y las vivencias, me estoy volviendo un poco más moderada,  incluso a veces llego a ser un poco tímida. El otro día un amigo, me recordaba una frase de Lisa Simpson... es mejor callar y parecer tont@, que hablar y confirmarl@, me hizo mucha gracia, aunque espero no cumplirlo, pero ahora permanezco muchas veces callada, escuchando y observando...
Cuando empecé a leer, me ocurrió lo mismo, sufría de incontinencia lectora, aprendí desde muy pequeña y siempre iba leyendo los carteles, por la calle, por el metro, el bus, las paradas, el tren, el supermercado... devoraba los libros que caían en mis manos... Y al poco tiempo, se agravó mi situación con una incontinencia impulsiva escritora, empecé a escribir, poesía y cuentos, una escritura impulsiva, improvisada y secreta que surgía de mi alma y de mi corazón hasta llegar a mis manos, pero que muy poca gente a leído, también escribí una pequeña novela de juventud que aún conservo... ahora reescribo e intento mejorar, algunos de mis cuentos y poemas que algún día me gustaría publicar.
Y junto a todo eso, siempre andaba llamando la atención, bailaba en los pasillos de supermercado, mientras mi madre intentaba desesperadamente hacer la compra; articipaba en todos los actos culturales y escénicos del colegio, de la Asociación, del barrio...
Siempre tenía mil historias en la cabeza, mi imaginación era el rincón secreto donde superar mis propios miedos, traumas o frustraciones, así como un espacio de disfrute y placer, al recrear mundos mágicos e diferentes...
Creo que desde pequeña he contado cuentos, pero la primera vez que me subí a un escenario supe que ese era mi sitio, que desde allí podía hablar de lo que quería, de lo que me importaba, de lo que sentía y que junto a la primera palabra que salía de mi boca, desaparecían mis miedos. Disfruté muchísimo y me sentí muy cómoda, a pesar de los nervios, que es algo que suele acompañarme casi siempre, aunque nadie lo noté.
En el teatro, siempre tuve papeles secundarios y en la vida real siempre he sido la “rara” pero cuando subía al escenario, cuando contaba un cuento, desaparecían las etiquetas, era yo misma, desnuda y libre a la vez, sin artificios, llena de energía y vitalidad.
Poco a poco, fui formándome, colaborando con varios grupos de cuentos y empezamos a contar en diversos locales, empecé a crear mis propios espectáculos sola y he contado en diversas partes de la geografía española, para todo tipo de personas y grupos.


Para mi contar cuentos tiene muchas ventajas a nivel personal y social, pero no sólo para mí misma, si no también para quién escucha.
Yo cuento para expresarme, para ser libre, en mi vida surgió como una rebeldía más, pues no me habían contado muchos cuentos pero tenía claro, que yo si tenía mucho que decir.
Contar es subir a un escenario y no me refiero al escenario físico, pues es tan importante y placentero, contar un cuento en el fuego de campamento, en la clase de un colegio o en el escenario de un teatro, diferente pero igual de emocionante, para mí es importante porque me siento reflejada en el espejo del público, en los ojos de las personas que escuchan.
A veces contar cuentos es plantar una semilla para cambiar el mundo, pero sobre todo es un intento de que el mundo no me cambie a mí. Creo que hay que contar cuentos para mantener la magia, para sentir y revivir emociones ,para recuperar la memoria y fortalecer nuestro cerebro, pero sobre todo nuestro corazón.
Porque contar cuentos es hacer un regalo a quién te escucha, contar cuentos es viajar con la imaginación y los sentidos. Contar cuentos es un arte vivo, en continuo contacto con el público, es uno de los artes más cercanos y directos, pues no existe una cuarta pared que te separe del público, sino que son parte de la historia, dicen que “los cuentos se cuentan en los ojos del público”, por eso me gusta mirar e interactuar con el público.
En el momento de contar se crea un espacio-tiempo mágico, donde se puede soñar, donde cualquier cosa puede suceder. Un instante donde el placer y la seducción no tienen límites, donde se puede mirar directamente a los ojos y navegar en las emociones.
Es un instante mágico, personal y único, dicen que "una imagen vale más que mil palabras”, así que los cuentos tienen un valor inmenso, pues creamos  sus imágenes  y las visualizamos en nuestra mente mientras alguien nos esta contando algo.
Los cuentos no son sólo cosas de niñ@s pero es cierto que sirven para encontrar los resquicios a la puerta de nuestra imaginación y creatividad. Las personas adult@s necesitamos de espacios de placer y disfrute, donde dejar volar nuestra imaginación y mecernos con las palabras.  En los cuentos se trasmiten valores universales sin ser doctrinas ni normas, lo que lo hace muy positivo para el aprendizaje.

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