viernes, 23 de octubre de 2009

Cada mañana

Para ser contado: es una de las historias que cuento en los espectáculos, es un gran éxito, a todo el mundo le gusta y a mi me hace mucha ilusión

Cada mañana me levanto sudorosa, excitada y húmeda siempre pensando en lo mismo, en él, porque entre la penumbra del sueño y aunque me haya levantado sola se que está cerca y que pronto aparecerá, como las últimas mañanas. No puedo dejar de pensar en su aroma, su dulce sabor granulado... no lo puedo resistir, deseo ese momento de mi placer, mi momento, junto a él.

Me levanto y como siempre me voy al baño a lavarme la cara entre otras cosas y mientras restriego mis manos una contra otra embadurnadas de jabón vuelve a aparecer en mi mente como si estuviera ahí embarrando mis manos húmedas, me seco con la toalla mojadita como yo.

Reíros, pero esto a veces es un poco extraño, y además si vives sola bien, pero cuando en tu casa hay más gente, encima tienes que disimular y esta excitación es aún más fuerte por eso de lo prohibido ¿no?.

Después me dirijo a mi cocina, abro la nevera para coger un tetra brik de leche cojo una taza de la alacena, pero no cualquiera cojo la taza de Piolín que me regaló mi tía que me encanta porque soy como un a niña pequeña, lleno lentamente la taza de leche, mientras llega el momento le calentaré un poco de leche, y en ese momento en que abro el microondas(porque aunque me gusta más calentar al fuego, pero no sé quizás por eso de las prisas, la comodidad, yo que sé que utilizo el micro)empieza un minuto de suplicio porque a ver como es muy poco tiempo no puedes hacer nada más y te quedas embobada allí delante y entonces se convierte en un minuto horrible lleno de sufrimiento porque sólo te queda esperar y que haces con un minuto de tu vida libre PENSAR, vuelve a aparecer, sabes que cada vez estás más cerca de él, y todo se te revuelve en la tripa, los pies parece que no pisan el suelo porque tu cabeza está en las nubes jugando con la excitaciones, se te humedecen los labios, te sientes mareada...y de repente...ding...suena el microondas y sacas la taza para dejarla en la mesa, ahora empieza todo, vas al armario abres un cajón y sacas una cucharilla de café, pero una mañana cualquiera decidí cambiarla el nombre porque no tomo café a partir de este instante siempre será mi cucharilla de cola-cao, abro la puerta del armario y saco mi bote de cola-cao, me siento y comienza mi momento de placer por las mañanas.

Abro el bote, meto lentamente la cucharilla de cola-cao en esa montaña de polvo marrón, la saco llena a rebosar(porque las cosas tienen que ser consistentes ¿no?, a mí no me basta con las medias tintas) para añadírsela a la leche pero no me basta vuelvo a introducirla una vez más, tres, hasta cuatro veces y aún una vez más meto la cucharilla pero al sacarla me la meto directamente a la boca para sentir su aroma más cerca y su tacto granulado entre mis dientes y mi lengua, así sin protección, a pelo.

Al momento de este clímax, meto la cucharilla en el cola-cao humeante ardiente y lo remuevo despacito, saboreando el instante, lo acerco a mi nariz y al respirar su aroma inconfundible me hace estornudar.

Y llega el momento más íntimo de contacto, la fusión de nuestros líquidos, entre mis manos la taza es el trofeo del placer caliente y nos mezclamos en un éxtasis .

Así mañana tras mañana desde hace unos meses, desde el momento que le descubrí ya no soy la misma,es el mejor polvo que he tenido en mi vida.

27 Octubre 2002
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