lunes, 28 de septiembre de 2009

SU NOMBRE

Una noche de cara al viento mirando la Luna llena, un único rayo de luz me hizo albergar una esperanza. Allí postrada en la hierba, sola y con una lágrima recorriendo mi rostro en la negra oscuridad de aquella casa de la Sierra comprendía lo que había anhelado desde hace mucho tiempo y sin llegar a comprender, guiada por un impulso, corrí hacia el río que manso rodeaba la casa y las montañas para llegar al final; despojándome de mis ropas me zambullí en una poza de agua clara que se encontraba en la ladera de la montaña, recibiendo el bautizo del agua y de la Luna a mi nueva vida.

Allí, sola y a oscuras, afirmé lo que tanto tiempo me había costado comprender, lo que mi cuerpo y mi alma pedían a gritos. Sobre la hierba húmeda a causa del rocío nocturno y mi piel excitada y húmeda por el agua helada del río, comencé a acariciar mis senos, recorriendo cada pliegue de mi piel, redescubriendo cada poro oculto hasta llegar a mi más hondo interior para acabar gritando extenuada su nombre, su bello nombre de mujer.
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